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Posicionamiento

Ancla 1
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El análisis DOFA del barrio San Antonio permitió identificar una estructura de aspectos positivos y desafíos que orientan su posicionamiento dentro del Plan de Comunicación y Marketing Urbano. Las fortalezas más significativas se concentran en su alta organización comunitaria y en el valor simbólico, histórico y estético de su patrimonio, factores que, combinadas, constituyen un soporte esencial para la acción colectiva y la proyección del territorio. Estos elementos encuentran su complemento en oportunidades institucionales y jurídicas concretas, como lo son el triunfo en la acción popular, la existencia del Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) y la incidencia posible en la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

La articulación entre estos factores potencia la legitimidad social del barrio y refuerza su capacidad de incidencia pública. En el caso de la organización barrial, fortalecida por la Junta de Acción Comunal y la Red de Vigías, puede suplir la inacción institucional mediante propuestas y vigilancia ciudadana. Por otro lado, la apropiación simbólica del patrimonio permite contrarrestar remodelaciones ilegales, generando sentido de pertenencia y mecanismos de control comunitario. De igual modo, la Red de Vigías y el PEMP actúan como herramientas pedagógicas frente al conocimiento limitado de las normativas, mientras que la participación en el POT puede superar la fragmentación social, integrando a residentes tradicionales, comerciantes y nuevos habitantes en torno a un propósito común.

En conjunto, estas fortalezas y oportunidades consolidan a San Antonio como un territorio resiliente y consciente de su valor urbano y cultural, capaz de superar sus debilidades y transformar sus amenazas en oportunidades de cohesión, posicionándose como referente de gestión ciudadana, patrimonio vivo y comunicación participativa en la ciudad de Cali.

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San Antonio: Memoria, identidad y resistencia urbana

San Antonio es un barrio que encarna la memoria cultural de Cali, un territorio donde el patrimonio se manifiesta en la arquitectura, las tradiciones y el compromiso de la comunidad que lo habita. Su valor radica en su autenticidad y en la capacidad de su gente por mantener vivo un modo de vida que ha resistido a la homogenización de la modernidad urbana. A diferencia de otros barrios y sectores cuya identidad se ha deteriorado debido a la gentrificación y modernización, San Antonio conserva su carácter propio y un sentido de pertenencia por parte de su comunidad, que fortalece los lazos sociales y la memoria colectiva. Protegerlo es apostar por una ciudad más consciente de su historia y más comprometida con su futuro.

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La realidad urbana y el patrimonio, más allá de la dictadura de la aceleración

Atendiendo a una inquietud sobre la que debemos cuestionarnos como ciudadanos y comunicadores urbanos: la relación entre comunicación y ciudad, y a propósito de la idea de pánico urbano del filósofo francés Paulo Virilio (2011). Si bien hasta hace relativamente pocos años no parecía urgente cuestionarse

sobre si “la tecnología está cambiando radicalmente cómo vivimos las ciudades”, hoy el tema tiene más sentido. Según Virilio, las ciudades eran lugares donde la gente se encontraba y permanecía. Ahora, con la velocidad de Internet, los celulares y la comunicación como vehículo del miedo social, la ciudad se ha convertido en espacios, donde todo es temporal y está sometido a la aceleración constante.

 

Este francés resalta que la velocidad tiene consecuencias altamente negativas, como el estado de ansiedad permanente, el exceso de información y la pérdida de conexión real con los lugares, por lo que las ciudades se convierten en espacios de control y vigilancia. Esto implicaría una premisa principal según la cual la tecnología móvil es capaz de mantenernos en un espacio virtual, desorientarnos y de hacernos sentir perdidos en nuestras propias ciudades.

 

Aunque Virilio señala problemas reales, en su visión se puede identificar cierto pesimismo, pues asume que la tecnología siempre destruye la vida comunitaria, sin considerar que las personas también pueden usar estas herramientas de formas creativas y enriquecedoras; esto es, la capacidad de resiliencia que tienen los barrios y como sus comunidades no necesariamente son víctimas indefensas, sino perímetros con memoria y tradiciones que cuentan con formas para defenderse u adaptarse a los cambios acelerados. La visión generalista de Virilio deja a un lado la posibilidad de adaptar la tecnología a las necesidades microsociológicas, creando nuevas formas de organizarse y comunicarse.

 

En un barrio patrimonial como San Antonio la realidad va más allá del "pánico", pues pese a cierto grado de incertidumbre, la llegada cada vez mayor de turistas y la gentrificación espacial y digital, también hay familias que llevan generaciones viviendo allí, protegiendo su espacio, organizándose y haciendo resistencia a los procesos de cambio que desconocen el pasado del sector y los nuevos agentes urbanos que se apropian del territorio sin respetar la cultura y las normas.

 

En conclusión, hay que estar atentos a los riesgos de la hiperconectividad, pero superar también las visiones catastróficas. En lugar de pensar que la tecnología inevitablemente destruye la ciudad, debemos preguntarnos en el contexto del barrio: ¿Quién controla estas tecnologías? ¿Quién se beneficia de la aceleración urbana? Y ¿cómo pueden las comunidades usar estas herramientas para defender sus territorios y el patrimonio? La velocidad termina siendo un camino por recorrer en el que pueden emerger disputas por el poder, por los recursos y por darle significado al territorio al que pertenecemos.

VIRILIO, Paul (2011), “Ciudad pánico”. En Ciudad pánico. El afuera comienza aquí. Buenos Aires: Capital intelectual, pp. 79 - 101.

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